No tenemos cabeza

Lo hemos hecho muy mal. Si, lo de votar. Hemos votado con el corazón, y así no se puede. Los españoles queríamos cambio y pluralidad, y lo hemos demostrado en las urnas. No a las mayorías absolutas que traen aparejadas el peligro del rodillo, sino albricias a la pluralidad que expresa nuestra realidad democrática. Pero debemos reconocerlo. Nos hemos equivocado. Y cuando algo se hace mal, es necesario enmendarlo. Así que tendremos que votar de nuevo, aunque resulte algo tedioso repetir lo que creíamos haber hecho con enjundia y sindéresis.

Pero no debemos preocuparnos por el tedio. No será repetición, sino corrección. Tenemos que votar con la cabeza o con el bolsillo, no con el sentimiento. Votar de tal forma que nuestros políticos puedan llegar a acuerdos aceptables, formar un gobierno viable que dé estabilidad y confianza a los inversores, y asegure el bienestar social. ¿En qué estábamos pensando? ¿Cómo se nos había ocurrido obligar al PP, reacio a cualquier reforma, a pergeñar una hoja de ruta reformista? ¡Sí, eso de limitar el aforamiento, independizar a los jueces de los políticos, reformar la ley electoral, democratizar los partidos, poner trabas a la corrupción, etc! ¿Cómo nos hemos atrevido a pedirle al PSOE que se entienda con el indecente PP, con su demonizado oponente, con su eterno enemigo? ¿Queremos que se inmole, que deje de ser la alternativa de gobierno, que abandone su posición de turno, que desista de ser el obligado recambio del bipartidismo? ¿Es eso lo que queremos? Y a los nuevos partidos, a los que hemos dado la oportunidad de bajar al foro y defender sus propuestas en igualdad de condiciones, ¿cómo hemos tenido la osadía de pedirles que negocien con los cancerberos del régimen el alcance de las reformas? ¿Y las líneas rojas, dónde las dejamos? ¿En qué estado quedará su credibilidad, el respeto a sus compromisos, su inmaculada virginidad? ¿Cómo hemos osado pretender que Podemos negocie con el PSOE un gobierno de izquierdas para que primen los intereses de los desahuciados sobre el capital financiero y se indaguen nuevos caminos de convivencia entre los distintos pueblos de España? ¿Es que hemos perdido el norte? ¿Cómo no le hemos entregado la mayoría absoluta para que derogue de inmediato la reforma laboral y garantice a todos los españoles una renta básica digna? ¿Y qué decir de Ciudadanos, para quien sus líneas rojas son la transparencia, el diálogo y el acuerdo? ¿Cómo venimos a pedirle que se entienda con la vieja política, antirreformista y obsoleta? ¿En qué estábamos pensando para forzarle a compartir gobierno con uno o ambos componentes del maldito bipartidismo? Decididamente, no tenemos cabeza, y menos aún memoria. ¿Acaso no nos conocemos? ¿No sabemos que los españoles somos orgullosos y dignos, y preferimos la muerte a vivir arrodillados? ¿Hemos olvidado que por encima de todo valoramos la lealtad y el respeto a nuestros compromisos? ¿Cómo hemos tenido la insolencia de exigirles a nuestros políticos que hagan lo que ninguno de nosotros estaría dispuesto a hacer?

Habrá, pues, que votar de nuevo. Pero esta vez con más tino. A ver si somos capaces de concentrar el voto y entregarle a uno de estos cuatro partidos en liza, o a algún otro que aparezca en el horizonte patrio con tirón popular, una holgada mayoría parlamentaria. Para que con esta mayoría pueda elegir Gobierno, dar estabilidad a nuestro país y hacerlo avanzar por la senda de la recuperación, la equidad y el progreso.