Simulacro, pantomima o engaño

(El bipartidismo revive en el Congreso, mientras los nuevos partidos se enredan en clarificar su particular idea de democracia interna)                                                                                                                

Se despide el otoño dejando como doloroso recuerdo desolación y muerte en la ribera mediterránea, mientras las cimas del norte se cubren de nieve y la Lotería reparte millones de auxilio entre desheredados y damnificados. Los efectos del cambio climático se perciben no sólo en la pérdida de la masa de los casquetes polares, sino en diluvios y temporales, sequías e inundaciones. Además de luchar contra el calentamiento global, tendremos que aprender a defendernos de los desastres naturales y a mitigar los producidos por los hombres, mucho más graves a pesar de ser previstos y evitables.

En el Congreso, PP y PSOE han llegado a un acuerdo, al que se ha sumado Ciudadanos, para proteger a las familias en riesgo de penuria energética. Se trata de impedir el corte de suministro eléctrico por impago a las familias declaradas “vulnerables” por los servicios sociales. El portavoz del PSOE, Antonio Hernando, ha declarado que se trata del “principio del fin de la pobreza energética”, mientras Pablo Iglesias, en su papel de pepito grillo, ha salido a la calle a denunciar el “chanchullo” de la triple alianza. Los de Podemos empiezan a ver cómo se quedan fuera de los pactos para las reformas que con tanta urgencia pedían, perdidos en la disputa entre la prevalencia del trabajo parlamentario o la movilización callejera.

La Legislatura avanza con Proposiciones no de ley -que gana la oposición- y Proposiciones de ley -que bloquea o dilata el Gobierno-. El PSOE lleva la iniciativa de la oposición útil, convirtiendo su menguada representación en fortaleza pragmática. De momento, además de conseguir un incremento histórico del SMI, se ha apropiado el protagonismo de la modificación de la Ley de Seguridad Ciudadana, la Lomce y la reforma laboral, que Rajoy está dispuesto a considerar, no a derogar, pues “hablar, se puede hablar de todo”. El bipartidismo revive en el Parlamento tras ser vapuleado en las urnas, mientras Ciudadanos y Podemos, enredados en clarificar los procedimientos de democracia interna, ven cómo los dos viejos partidos les roban las ganancias de la iniciativa legislativa.

Ciudadanos quiere que la elección por primarias se ciña al número uno de la lista, el cual completaría a su gusto el resto con el visto bueno del Comité Ejecutivo. Podemos, por su parte, persiste en la defensa del centralismo democrático, con todo el poder concentrado en el Consejo Ciudadano. Tanto Rivera como Iglesias quieren ser –y ya son- indispensables, porque saben que quien lo es “tiene en su poder a todos los señores y amos de la tierra”, como argumentaba Michels sobre la Ley de hierro de la oligarquía. Por si alguien aún lo dudaba, el líder de Podemos advirtió a los electores que si su tesis es derrotada en el próximo congreso de partido, abandonará la secretaria general, pues no podría defender un proyecto que no es el suyo. Aunque con pírrica victoria, la primera batalla ya la ha ganado, y no faltan quienes piden la cabeza de su leal oponente. En Ciudadanos, Rivera no se discute, porque él es el partido, y no se concibe siquiera que luche por el liderazgo. Pronto ha olvidado aquella reivindicación primigenia de listas abiertas.

Dejando aparte al PP, que insiste en su método discrecional -a discreción del jefe-, tanto el PSOE como los nuevos partidos también defienden las primarias como método de elección de sus cargos y candidatos electorales, pero todos apuestan por la lista única, que supone la elección por aclamación o cooptación. Los dirigentes de nuestros partidos políticos no terminan de entender que la democracia implica competencia electoral y libertad de elección. Sin estos mínimos criterios, deviene simulacro, pantomima o engaño, un parecer ser lo que no es. “¡Para ti brotan de mi estos cantos, oh, Democracia, para servirte, ma femme¡”, cantaba Whitman.