Por un plato de lentejas

No abunda entre los políticos la contrición ni el arrepentimiento, sino el orgullo y la satisfacción, aunque nada lo justifique.                                                                                                                              

Ya pasaron los Carnavales y sus carreras y bailes de transgresión y desenfreno. Este año el Ayuntamiento de Madrid ha querido dar el protagonismo al distrito de San Blas-Canillejas, donde se celebró el desfile de inicio y El Langui cantó el pregón. Pero el protagonismo nacional se lo llevó el drag queen de Gran Canaria, disfrazado de Virgen amatísima y de Cristo crucificado. Con el premio del público, Sethas dijo que no quería ofender a nadie, que sólo buscaba polémica, pero el obispo de Canarias, Francisco Cases, se ha lamentado de la frivolidad blasfema del galardonado y ha agraviado a la Asociación de Víctimas de Spanair, el accidente de aviación en el que fallecieron 154 personas, con una comparativa desafortunada. Los excesos y exabruptos de don Carnal no admiten cotejo con ninguna tragedia, y no deberían tomarse por ofensa, sino como chanza y provocación.

Antecedentes de nuestros carnavales, las Lupercales del Roma eran unas fiestas de desenfreno y lascivia que se celebraban el 15 de febrero. Tenían por dios protector a Fauno Luperco, adaptación romana de Pan, el dios griego de la fecundidad. En ellas, los jóvenes lupercos semidesnudos azotaban a las mujeres que encontraban a su paso con trozos de piel del macho cabrío previamente sacrificado para estimular su fertilidad y purificación. “Fauno, enamorado de las ninfas que te huyen, ven a pasear, propicio, por mis fincas y mis campos soleados”, dice Horacio. El papa Gelasio I las prohibió en el 494 por indecentes y paganas, y puso en su lugar las Fiestas de la Purificación de la Virgen María. Pero el tiempo se encargaría de volver las aguas a su cauce, y don Carnal, con su gula y desenfreno, encontraría su sitio en el calendario previo a la contrición de la Pascua cristiana. “A ti Carnal glotón, a quien no hay forma de hartar, te envío el Ayuno en mi nombre a desafiarte”, dice doña Cuaresma en versos del Arcipreste de Hita.

También en estos días don Carnal se pasea por los juzgados con su estela de avaricia y corrupción. Antes de la Semana Santa habrá más de un condenado, pero me temo que no habrá contrición ni arrepentimiento, sino vanos golpes de pecho. Jordi Montull, ex director administrativo del Palau de la Música de Barcelona, amenaza con tirar de la manta y desvelar el fraude del 3% de la antigua Convergencia, mientras Homs y Mas declaran ante el TS que no entendían por prohibición la providencia del TC sobre la consulta del 9N, y que volverían a convocarla orgullosos, pues su compromiso democrático les lleva a conculcar las leyes que han jurado respetar y enfrentar a la sociedad que dicen servir.

No abunda entre los políticos la contrición ni el arrepentimiento, y menos aún la rendición de cuentas, sino el orgullo y la satisfacción por la labor realizada, aunque ésta se haya revelado un estruendoso fracaso y aquél no sea sino fatua vanidad. Al cumplir el tiempo de valoración para el seguimiento del Pacto de investidura de Rajoy, el equipo negociador de C´s pregunta al PP sobre su cumplimiento, y los nuevos gestores del PP responden taimados con excusas de imposibilidad técnica, constitucional o subrogada, mientras adulan al partido naranja con el cariñoso distintivo de “socio prioritario”. Y a las quejas de Rivera por que no se aborden la limitación de mandatos o la eliminación de los aforamientos, ni se creen las comisiones acordadas para investigar la presunta financiación irregular del PP o la reforma de la Ley Electoral, y ni se aparte siquiera del cargo a los imputados por corrupción, el coordinador general del PP, Martínez Maíllo, responde irónico que firmaron el pacto “porque eran lentejas”, pero que ya están cumpliendo.

Para justificar la dilación y la farsa, el secretario general del grupo popular, Bermúdez de Castro, asegura que ellos apuestan por la prudencia y la seriedad, y Juan Carlos Girauta, el portavoz parlamentario de C´s, quiere creer que el pacto está “encarrilado y avanzado” y que su reticente socio terminará por comer las lentejas; lo cual denota optimismo y buena voluntad. Pero en política no es prudencia ni seriedad embrollar, como no es optimismo ni buena voluntad aceptar de rondón falsas excusas o engaños. No olvida Rajoy que Esaú perdió la progenitura frente a Jacob por un plato de lentejas, pero tampoco debe ignorar que son esas lentejas las que le llevaron a la Moncloa y le mantienen en el Gobierno. Que el empeño regenerador de Rivera y C´s no se malogre por el oropel de las alfombras o el fasto de los despachos.

 

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