Reticencias y dilaciones

No deberían olvidar ni Rajoy ni Rivera que los nueve millones de votos que abandonaron al bipartidismo lo hicieron por la desafección política y el hartazgo ante la corrupción                                                     

En el día Internacional de la Mujer, en Madrid, como en el resto del mundo, se escuchó la protesta de las mujeres. Una manifestación multitudinaria recorría la Gran Vía contra el patriarcado, contra la violencia de género, contra la brecha salarial, contra la desigualdad. En Sol, un grupo de mujeres abandonaba la huelga de hambre de 26 días tras conseguir el compromiso de los partidos políticos de un pacto de Estado contra la violencia machista y a favor de la igualdad de derechos. Contraria hace años a las cuotas de género por considerarlas ofensivas para las mujeres, Christine Lagarde, la directora del FMI, defiende ahora su necesidad, para avanzar más rápido en la inclusión de las mujeres en el mundo laboral. No se puede hablar de igualdad sin más cuando se parte de una lacerante desigualdad. En el Congreso, Rajoy condenaba del modo más enérgico y rotundo la violencia contra las mujeres, que en lo que va de año ya registra 17 casos feminicidios, pero recordaba que este 8 de marzo es el día de nuestra historia en el que más mujeres tienen trabajo. Algo no funciona en la Ley contra la Violencia de Género si más de 60 mujeres pierden la vida cada año por serlo. Todos los grupos políticos están de acuerdo en luchar contra esta lacra social. Que la igualdad legal no sea también real y que el derecho a la vida, primer derecho de cualquier ser humano, no tengan en nuestro país la misma garantía para todos los ciudadanos es algo que indigna y abochorna.

En lo que ya no están tan de acuerdo sus señorías es en la lucha contra la corrupción. Por supuesto que todas están en contra, pero la interpretación de las medidas y su implementación difieren según el grupo de pertenencia. La semana pasada los populares usaban la dilación y la reticencia para justificar el retraso en la tramitación del Pacto Anticorrupción, pero el miércoles, ante las quejas de su socio preferencial, fue el mismo presidente el que jugó a la interpretación arcana sobre la letra del punto 6º del pacto. “Ya le he dicho que estoy dispuesto a hablar de esto con usted –le dijo-. Una comisión en el Congreso o en el Senado. Podemos hablar de si se refiera solo al PP o también a la financiación de Podemos, la del PSOE o la de su partido”, para terminar advirtiéndole sobre los peligros de obsesionarse con el pasado: “No haga como la mujer de Lot, que quedó convertida en estatua de sal por mirar hacia atrás”.

No caerá Rivera en la obsesión por un pasado remoto, porque carece de él, pero si parece conveniente que recuerde a su socio los compromisos que ayer firmaron y lo convirtieron en Presidente. Ante la finta retórica de Rajoy, Rivera respondió con un lamento y una amenaza cumplida. “Le dimos el apoyo porque confiamos en su palabra y vemos que no están cumpliendo. Con ustedes o sin ustedes se va a poner en marcha la comisión de la caja B del PP”.

Dice Méndez de Vigo que son pequeñas desavenencias entre socios, y Rajoy reitera que “las cosas se solucionan hablando”, porque lo que de verdad preocupa a los ciudadanos es el paro, la sostenibilidad de las pensiones, el pacto por la educación y el futuro de Europa. A pesar de las excusas y dilaciones del PP, Rivera quiere creer que se está cumpliendo el Pacto Anticorrupción, y asegura que “no van a poner en jaque las reformas que se están cumpliendo”, lo cual es digno de elogio. Pero tanto él como Rajoy saben que los nueve millones de votos que abandonaron al bipartidismo y fueron a parar a los graneros de Podemos y Ciudadanos provienen de la desafección ciudadana y del hartazgo ante la corrupción que corroe la gestión pública.

 

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