Los chalecos amarillos y el cambio climático

Más allá de sus proclamados beneficios, cualquier iniciativa es buena si satisface la voracidad del Estado recaudador

Como en las huelgas del pan de siglos pasados, miles de franceses han salido a la calle para protestar por el incremento del precio del diésel y el abuso tributario. En Francia, el 61% del precio de la gasolina son impuestos, lo mismo que el 57% en el gasoil. La anunciada subida de 3 y 6 céntimos respectivamente para uno y otro combustible ha exacerbado los ánimos de los trabajadores de la periferia urbana, con un deficiente transporte público, que requieren del coche para su traslado al lugar de trabajo y no disponen de presupuesto para uno eléctrico.

Hartos de la alarmante carga tributaria y de la disminución de su poder adquisitivo, las redes sociales han servido de crisol al descontento. Como es habitual en este tipo de movimientos, a los rebeldes les pierden las formas, la violencia, la falta de diálogo, la ausencia de interlocutores dispuestos a negociar; razones que argumentan los gobernantes para no ceder a la presión irracional, por desesperada, de los ciudadanos. Pero este modo de proceder de los gobernantes es tomar el rábano por las hojas y no querer valorar las causas del conflicto, que en este caso no es sino la extrema voracidad del Estado recaudador, amparada en el criterio ecológico de penalizar los combustibles más contaminantes, esos que los trabajadores pobres consumen porque son los más accesibles a su bajo nivel de renta.

Con la coartada de la equitativa distribución de la riqueza, o en este caso de la lucha contra el cambio climático, los Estados modernos se apropian cada vez más de un mayor porcentaje de la riqueza social, asfixiando a los ciudadanos con los impuestos. “Hay margen para subir”, es entre nosotros el mantra preferido de los aspirantes a gobernar, exponiendo como justificación la marginación y la exclusión social, el pozo sin fondo de la demanda sanitaria o la lucha contra el cambio climático –también Sánchez ha anunciado subida de impuestos, entre estos también al diésel contaminante-, al igual que hace Macron con el programa de transición energética.

Pero más allá de la aparente bondad de estas iniciativas, la experiencia nos enseña que esa distracción del dinero de los ciudadanos apenas sirve para alcanzar los fines que se proclaman, contribuyendo por el contrario, en nuestro caso, a engrasar la máquina clientelar de los partidos políticos, incrementar la nómina administrativa y de altos cargos del Estado, disminuir la libertad de los consumidores y empobrecer a la mayoría de la población; del mismo modo que en el caso francés, más que disuadir el uso del vehículo de combustible y propiciar un medio ambiente más saludable, pretende por encima de todo disminuir el déficit fiscal y aumentar el dinero acaparado por el Estado.

Tal vez sorprenda que Macron, supuestamente un liberal de bandera, suba los impuestos para reducir el déficit fiscal, en lugar de disminuir el gasto y mejorar la eficiencia de los recursos públicos. Pero no hay que olvidar que fue ministro de Economía de Hollande, y continúa la política ecológica y de disminución del déficit del programa socialista. Al igual que su antecesor, su receta pasa por sanear las finanzas públicas a expensas de la mayoría de los contribuyentes, el pueblo trabajador, eximiendo del coste a las minorías privilegiadas, que no necesitan el coche para desplazarse ni pagar la “tasa carbono” para lograr un aire más respirable, pues se desplazan en avión y en tren de alta velocidad, y sus avionetas privadas se alimentan de queroseno, curiosamente libre de tasas.

Por todo esto protestan los airados participantes del movimiento de los “chalecos amarillos”. Sin líderes ni programas, pero con la convicción de estar asfixiada y humillada por un poder insensible y sordo que desprecia sus dificultades para llegar a fin de mes, la Francia del diésel, la rural y de la periferia de las grandes ciudades con bajos ingresos, ha plantado cara a Macron y está dispuesta a dejar de ser invisible.

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