Palabras y gestos

      Elevar a categoría política de la calle lo que en los gobiernos ya es, para satisfacción de los insurrectos

En el ámbito político, como en el jurídico, las palabras tienen un valor esencial. De ahí la insistencia de los actores en aplicar unos u otros sustantivos para plasmar una voluntad política o sancionar el genuino significado de la ley. Pero en la política -que es representación-, los gestos tienen también un valor simbólico, avanzando legitimidades que tendrán su refrendo en las leyes. Para decirlo con palabras de Adolfo Suárez: “elevar a categoría política de normal lo que a nivel de la calle es normal”.

Reitera el Gobierno que el encuentro de ayer en el Palacio de Pedralbes fue una reunión entre presidentes, y corrige el Govern, que fue una cumbre entre el Gobierno español y el catalán, un reconocimiento de la relación de bilateralidad entre España y Cataluña, en la que “hay dos gobiernos que dialogan de manera bilateral”, explicó ayer el portavoz del PDeCat en el Congreso, Carlos Campuzano. Bilateralidad que no reconoce la Constitución, ni practica el Gobierno con el resto de las regiones autónomas.

Tras el encuentro, formalmente parecía ganar la partida el Gobierno, al colocar en el titular del comunicado conjunto el vocablo “reunión”, pero la sardina acabaría en las ascuas del contrario al introducir el concepto de “conflicto” en el texto -reconocimiento implícito de la legitimidad de los golpistas presos-, y lograr la foto conjunta como si “cumbre” fuera. Después, para aclarar las dudas, Torra remataría la faena ante la plana mayor del empresariado catalán y el invitado de pìedra, desgranando el contenido de la reunión entre ambos gobiernos vecinos. Es decir, que “Cataluña es republicana y no considera a la Monarquía una institución de nuestro país”; que “el conflicto político debe resolverse con un referéndum de Autodeterminación”; que “el Gobierno español no vuelva a aplicar el artículo 155 y respete la soberanía del Parlament” y que ese diálogo del que habla su homólogo español “se materialice con medidas concretas”, más allá del respeto a las leyes españolas, que no son suyas. Por si poco fuera, el Gobierno regala una mayor publicidad a los separatistas con las imágenes de hoy del caos en Barcelona, la represión de las fuerzas de seguridad y el repudio y acoso al Gobierno en una parte del territorio nacional.

Insiste Sánchez en el diálogo dentro de la Constitución, pero sonríe ante las proclamas anticonstitucionales del Presidente de la Generalitat, avalando con su gesto lo que se resiste a aceptar con la palabra. Habrá nuevas minicumbres en la hoja de ruta de los separatistas, que serán o no respetuosas con la Constitución, para, invirtiendo el aforismo de Suárez, elevar a categoría política de la calle lo que en los gobiernos ya es.

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