Amenaza, que algo queda

          Cuando desde abajo se alcanzan altas cuotas de poder, el ansia de dominio solo se satisface ampliando los ámbitos de aplicación.
En los últimos tiempos el noble arte de la política se ha convertido en nuestro país en cruce de trifulcas y dicterios, en el que los exabruptos y las amenazas acaparan los titulares de la prensa y los cotilleos tabernarios. Tras el penúltimo tropiezo de Iglesias con la ley -à bout de souffle-, el vicepresidente ha lanzado una amenaza de excomunión democrática a los jueces que deberán juzgarlo, calificando de “inconcebible” su imputación. No atempera su desmesura el privilegio obtenido, sino que refuerza su ansia de dominio sobre ámbitos que no le corresponden, pues lo que a todas luces resulta inconcebible es que un vicepresidente del Gobierno, por más que exprofesor de ciencias políticas, desconozca los fundamentos del Estado de Derecho, como la separación de poderes o el voto de los electores para alcanzar el poder en democracia.
Cuando no era más que aprendiz de brujo, Iglesias fundamentaba su programa en asaltar los cielos y combatir a la casta política, mal de todos los males de nuestra democracia. Ahora, con el cielo asaltado y la poltrona asegurada por una legislatura, se ha convertido en el paradigma de la casta casposa que repudiaba: conculca la independencia del poder judicial, denigra a las instituciones y amenaza a la oposición con no volver a sentarse nunca más en el consejo de ministros. Habrá que preguntarle si pretende cumplir su deseo “por los votos o por la botas”, como ya proclamara en el devastado país sudamericano su adorado Cabello.

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