Obras

Retrato 11-1

 

Juan María de Prada es un escritor de variados recursos. De estilo culto y mordaz, ha cultivado el cuento, la novela y el ensayo. El lenguaje del periodismo, del cómic y de la novela negra se mezclan en sus libros como la miel, la sal y la pimienta.   Su primera novela, Verde, negro (1985) relato poliédrico de la transición democrática y el desencanto, sorprendió por la utilización de diferentes códigos narrativos para cada personaje.

Después, vendrían Trastornados por la luna (1987),sobre la doble moral de las personas de bien; Rabo de león (1989), un homenaje a la novela negra y a la literatura fantástica, y Mieles Pérfidas (1991), novela por entregas del Madrid mestizo y barroco, purgatorio en el que conviven el amor, la ambición y la felonía.

En 1991 publica Retrato del artista intransigente, novela testimonial de un joven escritor sobre la libertad y la heterodoxia, con la que obtendrá el reconocimiento de la crítica y el aplauso del público. Posteriormente, Amor amor (1994) recupera el lenguaje del folletín, de la novela negra y el collage, para relatarnos un ramillete de historia de amor, de alegría y desesperanza, de ternura y sinrazón.

La sonrisa gótica (2005) y Nuestra Democracia (2008) son ensayos políticos. En el primero, se trata de la crítica del ejercicio del poder a partir de las decisiones del gobernante. El segundo es un análisis de los logros y deficiencias del régimen político español surgido de la transición democrática y la necesidad de su reforma.

La herencia de don Emiliano (2015) narra el sueño de un joven alcalde por llevar la felicidad a sus vecinos.  Presentado por el autor como un manuscrito casualmente encontrado, se trata de una alegoría sobre las deficiencias de la Democracia y la lucha entre utopía y pragmatismo.

La desahogada vida del artista integrado (próxima publicación) viene a ser la segunda parte de Retrato del artista intransigente, en la que el joven escritor, inconformista e iconoclasta, ha conseguido el éxito literario. Abandonada su voluntad transgresora, ha adoptado una postura cínica. Camuflado en un discurso ético, miente cuanto sea necesario para lograr su beneficio y soslayar las responsabilidades, no sólo artísticas sino penales, a las que debe enfrentarse.